RULES CYCLOPEDIA, RECUERDOS Y NOSTALGIA

Ay, ay, ay. Me entero por enworld que la Rules Cyclopedia, es decir, el compendio de las reglas Basic, Expert, Companion y Master para D&D (el original), acaba de aparecer en drivethrurpg en versión física, tantos años después de que fuera lanzado por la extinta TSR (hoy Wizards of the Coast). Ya hace tiempo que estaba en pdf pero ahora lo ponen a disposición del mazmorrero en tapa dura o blanda.

La verdad, es una tentación. Esta noticia me abre, lógicamente, mi caja de la nostalgia y de los recuerdos. Soy muy fan de la primera edición de D&D porque fue el primer juego de rol que jugué, el que me metió de lleno en este maravilloso mundo. Después vinieron, algún tiempo después y por este orden, Star Wars d6 y El Señor de los Anillos. Pero D&D fue el primero: el de la Caja Roja de Dalmau, naturalmente. Comprado en los Almacenes San Pablo por unas 2500 pesetas allá por el año 1989, donde reposaban cuatro o cinco cajas desde hacía años cogiendo polvo y sin que nadie les hiciera ni el mas mínimo caso. Se vendieron en dos días cuando la fiebre del D&D llegó a Ceuta. Aquel verano de 1989 y el curso posterior fueron de febril actividad dungeonera. Sin otro juego de rol que conociéramos -Ceuta estaba algo aislado del resto de España y las novedades llegaban con cuentagotas: recordad, jóvenes, que en 1989 no había tiendas online, móviles ni internet– nos enfrascamos con D&D con verdadera devoción y hasta una pizca de ansia. De repente todo se volvió dungeon. Y no solo mi grupo de amigos, que era bastante extenso y en el que casi todos acabamos enganchados. Otros grupos de gente entre los 14 y los 17 se volcaron con este juego y mirando hacia atrás te das cuenta de que Ceuta en 1990 era quizás una de las ciudades españolas con más dungeoneros per cápita. Igual que el baloncesto había barrido a principios de los 80, hasta desplazar incluso al fútbol en las canchas de los colegios, D&D fue la moda entre los “protofrikis” de la época, y la ciudad se llenó de extraños tipos que hablaban de espadas +2, que hacían enormes mapas de cuevas y castillos en las libretas de Latín o de Química y que al salir de clase íbamos corriendo a la tienda de Cesar María o a mi casa a pasar horas y horas lanzando dados y descubriendo algo que yo había buscado durante años: el juego perfecto, el que te permitía hacer lo que quisieras, donde la imaginación era el único límite. Eso era D&D.

Con el paso de los meses fuimos descubriendo (por gente que tenía amigos en la “peni” -península- y el boca a boca entre jugones) que la caja roja era en realidad el primer “set” del D&D original y que en los USA se habían ido publicando más cajas. A través de la mítica tienda JISA (punto de reunión del frikerío ceutí) fuimos adquiriendo a precio de caviar iraní el Expert, el Companion y el Master, y hasta el Immortal, aquella bestialidad donde se superaban los límites de la decencia (y eso en D&D ya era decir) y que haría palidecer de terror a cualquier rolero indie de nuestros días. Las fotocopiadoras de la ciudad echaban humo cuando cada uno de nosotros nos hicimos con una copia de cada manual para poder extraer el jugo de los mismos a full. Días de rol primigenio furioso y de experimentar a tope, de ver hasta donde se podía llegar con el rol. Y nunca parecíamos alcanzar la frontera. Siempre podíamos ir más allá. A veces traspasábamos los límites de lo correcto -hay que recordar que estábamos entre la adolescencia y la juventud- y a veces nos lo tomábamos demasiado en serio – alguna amistad se resquebrajó por un mal reparto de tesoro o por alguna traición – pero recuerdo aquellos días de rol como los más frenéticos y quizás, puros, que jamás jugué.

Y las partidas eran maratonianas. Raro era el sábado que no quedábamos por la mañana a eso de las 10 – desayuno de batido de chocolate Puleva y molleta de chorizo con queso de plato -, plegábamos momentáneamente para ir a comer sobre las 2 y media, regresábamos sobre las 4, merienda a las 6 – Círculo Rojo de Bimbo – y del tirón hasta las 10 y media u 11, donde ya si cerrábamos la sesión para acabar en el Bodegónchampiñón a la plancha con ajo y perejil – o en los Golososcampero de corazones completo o de pinchitos- comentando la partida y las posibilidades de la misma hasta las 2 o las 3 de la mañana. Y el domingo aún daba para echar otro rato por la mañana, porque  las tardes eran de fútbol en el Benito Villamarina o de pelis en el Cine África.

En aquellos tiempos se fraguaron personajes míticos como los guerreros Hawker o Snaker (de Lord Gideon), el paladín Garic Redblood (el mío), el ladrón Navarre Grendel (de Enrique Serra), el elfo Desval Airborne (Javi Cabo), el mago Firefucker (Javi Alonso), el grupo de caóticos vs legales que jugábamos en mi casa con Manolo, Jorge Juan, Ehsam, Jaime, Dani Abad, Chus, Serra y Tendero… podría seguir páginas y páginas.

He mencionado tardes de domingo de fútbol: tal era la fiebre de D&D que los equipos se hacían en función de la raza de nuestros personajes, de forma que jugábamos humanos contra semihumanos. Los semihumanos por cierto eran mucho mejores porque contaban con finos creadores de juego como Ehsam o Sergio Vega y casi siempre ganaban los partidos: excepto aquella vez que nos apostamos, como auténticos guerreros, una caja de cervezas, y los humanos jugaron “el partido del siglo”, como diría Michael Robinson, y ganamos 10 a 9 con un gol de Álvaro a lo Van Basten que aún perdura en mi memoria. Y si, aquella noche en el Maresco brindamos a la salud de Tarastia, de Paladine y de los magos Alphatianos.

Todo era Dungeons. 

Con el tiempo, D&D fue aparcado por otros juegos incluyendo la versión mejorada del mismo, AD&D. Y aunque D&D desapareció de nuestras vidas, el rol había llegado para quedarse para siempre. Y en mi caso particular, no hay juego de rol que me guste jugar más que un buen D&D. Hoy en día hay decenas de sabores diferentes del clásico, entre retroclones, ediciones varias, Pathfinder, Eirendor, Resurgir del Dragón y más y más. Por desgracia, lo que ninguna de estas ediciones tiene, ni puede tener, es el devolverme mis 17-18 años en la Ceuta de finales de los 80. Fueron tiempos de gloria que siempre añoraré, y esta Rules Cyclopedia me los recuerda y no puedo evitar la punzada de la melancolía. Sirva esta entrada en el blog como brindis para esta reedición, y como saludo a los camaradas y amigos que se quedaron en aquella parte de mi vida, maravillosa e intensa a partes iguales.

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Asociación ZonaZero, ¡encontrarás rol, juegos de mesa y rol en vivo!

Publicado el febrero 7, 2018 en FRIKADAS y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Me has dado nostalgia con esta entrada. Quizás no viví esa dorada época de los albores de Dungeons & Dragons ni algo tan puro como fines de semana adolescentes entre personajes y demás, pues mi edad lo permite, pero el sentimiento es igual en todos.
    Yo dije de unirme a una partida de mayores, de sábado por la mañana porque todos trabajaban, y me sacaban el que más 11 años. Y recuerdo esa gargantuesca campaña de 5 años como la época en la que el rol se abrió ante mi para quedarse.
    Aun nada sienta mejor que preparar una sesión de ese fino mazmorreo y llenar de dados una mesa preocupada por lo que harán los enemigos tras la pantalla del master.
    Bravo.

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  2. En breve podrás tener una Rules en cristiano…

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